No soy de aquí… pero algo en mí sí

A veces no hace falta que te adopten en voz alta. Lo sientes igual.

No soy de aquí… pero algo en mí sí
Hay lugares que no necesitas entender del todo… porque algo en ti ya los reconoce.

No sé explicarlo perfecto, pero tampoco quiero explicarlo perfecto, porque justo ahí está el punto. Esto no es una historia ordenada, no es algo que alguien me dijo ni algo que puedo probar con palabras correctas. Es más como una sensación que se va quedando en el cuerpo mientras pasa el tiempo.

España tiene algo raro. No sé si es la luz, el ritmo, la forma en que la gente habla o simplemente la manera en que no te están mirando todo el tiempo como si tuvieras que justificar por qué estás aquí. No hay esa presión constante de encajar rápido o de definirse enseguida. Aquí puedes estar un poco perdida… y aún así quedarte.

Al principio mi español era bastante desastre. Bueno, sigue siendo un poco desastre, pero ya no es el mismo tipo de desastre. Antes era más miedo que idioma. Pensaba demasiado, traducía todo, me bloqueaba antes de decir una frase simple. Ahora es diferente. Ahora hablo y ya. Mal, raro, mezclado… pero hablo. Y la gente responde. A veces corrige, a veces no, a veces simplemente sigue la conversación como si nada. Y eso, sin que nadie lo diga directamente, te cambia.

Porque no es solo aprender palabras, es permitirte existir en otro idioma sin sentirte falsa. Y ahí empezó algo que no esperaba.

No vine aquí con la idea de convertirme en alguien “local”. Ni siquiera sabía cómo se ve eso. Solo sabía que no quería vivir aquí como turista permanente, no quería quedarme en inglés, no quería rodearme solo de gente como yo ni construir una burbuja cómoda donde todo suena familiar. Quería incomodarme un poco, intentar hablar aunque no tenga todas las palabras, escuchar más de lo que entiendo.

Y poco a poco, pasa. Empiezas a captar frases completas sin traducir, reaccionas más rápido, empiezas a notar cuándo alguien está siendo irónico, cuándo algo es broma, cuándo el tono cambia. Y en algún momento, sin darte cuenta, ya no estás mirando todo desde fuera. Estás dentro. No completamente, no perfecto… pero lo suficiente para sentirlo.

Hay días cuando camino por la calle y no pienso “estoy en otro país”. Simplemente estoy. Compro, escucho, observo, hablo un poco, sonrío, sigo. Y en esos momentos no hay distancia, no hay etiqueta de “extranjera” pegada en cada gesto. Y nadie me lo confirmó nunca. Nadie dijo “ya eres de aquí”. Nadie te da ese momento oficial. Pero tampoco lo necesitas, porque hay pequeñas cosas que empiezan a encajar: la forma en que alguien te responde sin cambiar idioma, la forma en que una conversación fluye sin pausas incómodas, la forma en que tú misma reaccionas sin pensar en cómo suenas.

Y entonces te preguntas… ¿en qué momento pasó esto?

A veces pienso que quizás es solo una ilusión bonita, algo que me estoy contando porque quiero sentirme parte. Pero luego pasa algo simple, casi invisible, y esa duda se va. Porque no es una idea, es una experiencia repetida.

Y en medio de todo esto apareció otra cosa: ganas de escribir en español. No perfecto, no académico, no como alguien que estudió años y domina todo. Más bien al revés. Escribir como hablo ahora. Mezclando, dudando, buscando palabras, a veces encontrándolas, a veces no. Pero escribir igual.

Porque hay algo muy fuerte en eso. Escribir en un idioma que no es tuyo del todo, pero que empieza a serlo. Escribir sin esconder que eres extranjera, pero tampoco quedarte atrapada en ese rol. Escribir desde ese punto intermedio donde todo es un poco inestable… pero real.

Y siento que ahí hay muchísimo. Porque no quiero escribir solo sobre España, quiero escribir desde España. Desde lo que cambia en mí estando aquí, desde lo que empiezo a ver diferente, desde cómo se mueve mi cabeza cuando dejo de pensar en un solo idioma.

Hay cosas que solo salen en español. Frases que no funcionan igual en inglés o en mi idioma. Pensamientos que aparecen de otra forma, más simples a veces, más directos, más vivos. Y eso me intriga muchísimo, porque significa que no solo estoy cambiando de lugar. Estoy cambiando de voz.

Y eso, para alguien que escribe, es enorme. No sé exactamente de qué van a ser esos textos. Sé que no quiero que sean perfectos, no quiero corregir cada error hasta que suene como si no fuera yo. Prefiero que se note. Prefiero que alguien lea y diga “vale, no es de aquí, pero está intentando de verdad”. Porque eso también es parte de esto: no encajar del todo… pero tampoco quedarse fuera.

Hay algo en España que no te empuja a demostrar constantemente quién eres, y en ese espacio, sin darte cuenta, empiezas a serlo. Sin ruido, sin anuncio, sin permiso. Y quizás por eso, cuanto más tiempo paso aquí, menos siento que vine y más siento que volví.